Esto es una conclusión a la que llego después de mucho tiempo trabajando en el sector dental, sentimos vergüenza acudir al dentista. Y ojo, lo noto más en los hombres que en las mujeres.

¿Por qué? 

Creo que nos sentimos indefensos, abriendo la boca, mostrando lo que quizás solo nosotros veíamos, que a veces no nos lavamos los dientes como deberíamos, o la posible dejadez de hacerlo a menudo…

Da vergüenza que descubran nuestros dientes torcidos, o amarillos, o decapitados. O que te falten algunas piezas, o el sarro que puede haber en ellos, pero ¿sabes qué?

Que no hay que tener vergüenza por acudir al dentista

Vamos a ver, no deja de ser un profesional de la salud dental. Sabe qué problemas podemos presentar en nuestros dientes. Ahora bien, si acudes con una salud dental mínima, tampoco pidas milagros.

El dentista hará todo lo que pueda por sanear tus dientes, solucionar tus infecciones e incluso devolverte dientes que hace tiempo ya no tenías.

No hay que tener vergüenza y mucho menos miedo, ya hemos hablado de ello.

Al dentista hay que acudir antes de tener ningún problema

No pasa nada si tienes los dientes torcidos o tu esmalte dental es algo más amarillo de lo normal:

Lo importante es que vayas y empieces a seguir una buena rutina en higiene dental.

Tienes que tener confianza con tu dentista, que conozca tus necesidades, tanto si es un tratamiento más estético como si no.

Necesitáis conoceros, para que una vez en el sillón, no hay ningún problema de «vergüenzas».

De verdad, hazme caso, acude al dentista que no te va a poner la cara colorada, lo que quiere es ayudarte.

Déjate ayudar y acude al dentista

Olvida las vergüenzas y los miedos, empieza a pensar en los beneficios que te ofrece el tener la boca sana.


Como habrás leído, hoy el post era algo diferente a lo acostumbrado. La idea es que toméis consciencia y vuestros hijos puedan aprender de los buenos hábitos de los padres.